¿Qué te hace feliz?

¿Qué te hace feliz?

miércoles, 25 de junio de 2014

Malice In Wonderland


La mente de Vince Collins en este gran clásico de la animación.
Un maestro de la animación psicodelica.

miércoles, 18 de junio de 2014

Nim - JR


Nim - JR


¿Por qué mira usted la bala?
¿Por qué?
Si pensara usted alojarse una bala en la cabeza
¿No la miraría antes de cargar el arma?
¿A qué mirarla?
Como ha de pasearse por mi cráneo, 
quiero conocerla antes.




domingo, 8 de junio de 2014

Relato sobre la angustia invisible

Fue un aberrante ser,  aberrante como aquellos que viven sumidos en el miedo que los corrompe y los limita, un ser que existe sin existir; un ser que teme a todo cuanto conoce y desconoce, que teme hasta de sí mismo. Aquel que siente miedo del hombre misterioso que se acerca caminando lentamente por la avenida; de cerrar los ojos en la ducha por miedo al rostro que tal vez aparecerá detrás de su cortina cuando los abra; de la oscuridad, que sin darse cuenta circunda cada milímetro de su alma; del hombre que a la vuelta de la esquina le espera para escarbar su pecho con un afilado e insensible puñal tantas veces como pueda, tantas como desee, buscando en ese arrugado corazón el origen de su alma y satisfacer la sed de venganza para con la humanidad segando una vida inocente.

 ¿Inocente dice?

Tal vez la más culpable de todas las vidas por estar corroída por el óxido dañino del miedo; miedo de probar aquel sabor que no conoce para evitar las arcadas que tal vez le producirá; aquel miedo de mirar al espejo repentinamente y encontrarse con algo más que el reflejo de su asqueroso ser; miedo a cruzar la acera con el semáforo en rojo; a dirigirle la palabra a aquel personaje simpático que se sentó a su lado en el microbús; a ser engañado por un amor; a verse diferente por un día en el espejo; miedo a todo.
Culpable por callar para no ser señalado, absteniéndose para no ser criticado. Culpable porque se limita a su pequeño cubito al cual se atreve a llamar vida, en el cual se siente más inseguro que en el mismo exterior.

Ése mismo…

Trabaja en una oficina del gobierno en la calle Maipú girando por la avenida 32 al sur, muy cerca de su cuarto, arrendado en un sucio y desecho motel lleno de plagas y goteras -como su consciencia-. Tal vez por eso se siente seguro allí y no en otro lado.

Vive en el miedo desde que a sus cortos 6 años de vida -siendo un niño retraído y que apenas empezaba a florecer- presenció como un carro aplastaba sin compasión la cabeza de su mejor amigo, un niño feliz y activo con una mirada profunda que irradiaba su alegría de vivir, cuyas carcajadas contagiaban la alegría de estar vivo sin pensar en los problemas de ayer ni en la miseria de su entorno, con un futuro prometedor y una prodigiosa habilidad para jugar a las canicas.

Noche a noche sus sueños le recuerdan la imagen incesante y cruda de aquella maldita llanta, que en cámara lenta desfiguraba de a pocos ese feliz y virgen rostro, ahora lleno de un profundo y momentáneo dolor. La imagen de ese pequeño cráneo que se abría en mil pedazos, disparando sin compasión los sesos que contenía, dibujando en el pavimento una desgraciada obra que jamás tuvo que ser pintada, salpicando la cara y zapatos de ese niño retraído que observaba aquella macabra y dolorosa escena.

Día tras día se repetía en su mente la misma imagen, aun en su adultez, cuando sus cansados pasos y jorobada columna lo llevaban de vuelta a casa con el  nerviosismo que desde ese día cargaba en su conciencia.

Una tarde rutinaria de un nublado y melancólico otoño despertó aquel hombre cansado de su miserable existencia, sintiéndose triste de no tener a alguien para narrar todas sus penas. Se sentó al borde de su cama y con mucho cuidado, apoyando un desnudo y tembloroso pie en el frío suelo, agarró un lapicero y con buen pulso y letra clara escribió en la hoja de su viejo cuaderno de cuentas:

“Si la reencarnación no existe, el infierno ha de ser un lugar caluroso”

Seguido a esto sacó aquella botella de ginebra que hace un tiempo guardaba para un momento especial y bebió casi la mitad de ella con una insaciable sed. Después de un par de arcadas como las que temía,  tomó su viejo cinturón de cuero, lo amarró a la baranda de aquel balcón al que nunca salía y ya embriagado por los recuerdos de su pobre vida y la media botella de ginebra que acababa de ingerir de un sorbo, gritó con todas sus fuerzas:

“A la mierda Dios, no le daré el placer de seguir viviendo”

Amarró con fuerza el cinturón a su cuello y saltó del balcón de aquel hotel barato con la agilidad que nunca lo acompañó sin pensarlo dos veces.

Mientras una lagrima se deslizaba suavemente por su mejilla, el hombre patéticamente pataleaba intentando devolver sus actos; pataleaba arrepentido buscando inútilmente el suelo que se encontraba 6 metros por debajo de sus desesperados pies y su conciencia le gritaba:

¿Qué estás haciendo? ¿Por qué? ¡Nooooooo! ¡Sálvate! ¡No me hagas esto!

En ese momento el resto de la ciudad afanada en su caos infernal por los problemas del día a día, por los dioses, por las vidas vacías, por las angustias y por el tiempo, continuaba con su ritmo normal…


Su alma sentía tranquilidad. Había superado su miedo a la muerte; todo estaba hecho...


jueves, 5 de junio de 2014

The Big Shave (1967)

Una metáfora sobre la participación auto-destructiva  de Los Estados Unidos en la guerra de Vietnam a manos de Martin Scorsese.

 The Big Shave (Viet '66)


Mudanza - Marco Giralt Torrente

Cuando despertó en su nueva casa sonrió feliz sólo durante un instante y luego sintió el mismo sofoco ya conocido, como si, en vez de a solas, hubiera dormido con una multitud. La nota estaba en el baño, pegada con jabón al espejo. Nos hemos mudado contigo, decía.


domingo, 1 de junio de 2014